El clima en Euskadi

Características Geográficas

La latitud es, probablemente, el factor geográfico que más condiciona el clima del País Vasco. La inclinación de los rayos en las diversas estaciones del año depende de la latitud. Pues bien, la latitud de Euskadi, entre los 42º y los 43,5º al norte del Ecuador, sitúa al país dentro de lo que se ha llamado zona templada.

El papel que juega la latitud en el clima de una región es doble: en primer lugar, determina la cantidad de energía solar incidente y sus variaciones estacionales a lo largo del año; en segundo lugar, determina la dirección general y más frecuente de los vientos que la afectan.

A rasgos generales, la latitud determina que la inclinación solar sobre Euskadi varíe a mediodía entre un máximo de 70º en el solsticio de verano (21 de Junio) y un mínimo de 25º en el solsticio de invierno (21 de Diciembre), y que la duración del día, esto es, de la iluminación solar, oscile entre las 16 horas del máximo veraniego y las 9 horas aproximadamente del mínimo invernal.

Gracias a la Corriente del Golfo, las costas europeas gozan de un invierno mucho más suave que el que les correspondería por su latitud. Si no fuese por el sistema de corrientes marinas del Atlántico el clima invernal de Euskadi sería muy distinto: mucho más frío y, probablemente, con precipitaciones bastante más escasas.

Desde la Península Ibérica hasta Escandinavia, el viento prevaleciente del sector oeste hace que en invierno las masas de aire muy frías que provienen del norte de América vayan caléntandose al pasar por encima de las templadas aguas atlánticas. De esta forma, el aire acondicionado por la superficie del mar llega a las costas de Europa relativamente templado.

El agua superficial marina se enfría. Al enfriarse aumenta su densidad y se hunde, siendo sustituida por las aguas más cálidas y menos densas que trae desde el sur la corriente del Golfo. Es decir, que, a manera de una cinta transportadora, el sistema de corrientes del Atlántico acarrea continuamente hacia el norte el calor recibido en las latitudes tropicales, y luego, en las latitudes medias y altas, lo cede al aire, que los vientos del oeste se encargan de llevar a Europa.

Otras influencias marinas que tienen una cierta importancia en el clima vasco son las que provienen de:

Mar Mediterráneo:

Este influjo, proviniente del mar Mediterraneo, se manifiesta especialmente en la Rioja/Errioxa. Por ejemplo, en el reparto de las precipitaciones según la dirección del flujo en el período en que se producen, cobran cierta importancia relativa las que ocurren con vientos del este y del sureste. Muchas de estas situaciones deben corresponderse con la llegada, facilitada por el valle del Ebro, de masas de aire húmedas procedentes del Mediterráneo.

Mar Cantábrico:

Aparte de las grandes masas de aire que nos invaden desde el Atlántico, el propio mar Cantábrico tiene una influencia directa importante en el clima de la vertiente norte de Euskadi.

  1. Los vientos flojos que penetran desde el Cantábrico son muy frecuentes en verano de esta forma se refuerzan las brisas marinas con lo que los índices de humedad en la costa alcanzan niveles altos precisamente en la estación estival.

  2. El viento veraniego del norte favorece el estancamiento de las aguas en el Golfo de Bizkaia, en el vértice del Cantábrico, y se produce un claro recalentamiento estival que va a posibilitar una fuerte evaporación y la posibilidad de que ocurran grandes aguaceros en la costa vasca.

El relieve del País Vasco ocasiona diferencias notables en los parámetros climáticos de sus diversas zonas orográficas. También el relieve de la propia Península Ibérica influye en las características generales del clima vasco. El carácter macizo de la Península, con una importante altitud media -660 m.- y numerosos obstáculos montañosos, hace que los flujos atlánticos del suroeste, lleguen a Euskadi con sus características muy modificadas.

El principal efecto, es que las masas de aire oceánico que atraviesan la Península en dirección SW-NE se desecan y, posteriormente, al descender hacia el Cantábrico y las llanuras del sudoeste de Francia, se calientan sensiblemente. Ocurre que, cuando una masa de aire asciende, en el proceso se expansiona y se enfría, y en ella se produce en consecuencia, saturación, condensación y precipitaciones.

Cuando el flujo es del NW, la particularidad de los montes vascos determina que el país sea un paso predilecto de las masas de aire atlánticas, que velozmente pasan sobre este territorio rumbo hacia el Mediterráneo. Soplan fuertes vientos y el relieve vasco, actuando a modo de rampa ascendente, actúa de disparador de la condensación, de las nubes y de las precipitaciones. Es así como, con diferencia, la costa vasca es la más lluviosa de todo el Cantábrico. Pero, a la vez las áreas a sotavento de los relieves vascos y, especialmente, las tierras de la Rioja Alavesa/Arabako Errioxa y de todo la mitad sur de Navarra/Nafarroa apenas reciben, si acaso, unas cuantas gotas.

Zonas climáticas

El País Vasco no forma una región climática homogénea. Se pueden distinguir a grandes rasgos tres zonas:

  • La vertiente atlántica al norte

  • La Euskal Herria media en el centro

  • El extremo sur, entrando en la depresión del Ebro y Rioja Alavesa/Arabako Errioxa.

La vertiene atlántica:

La vertiente atlántica comprende la totalidad de las provincias de Bizkaia, de Gipuzkoa y de Euskadi Continental y el norte de la de Alava/Araba, presenta un tipo de clima mesotérmico, moderado en cuanto a las temperaturas, y muy lluvioso. Se denomina clima templado húmedo sin estación seca, o clima atlántico. En este clima el océano Atlántico ejerce una influencia notoria. Las masas de aire, cuyas temperaturas se han suavizado al contacto con las templadas aguas oceánicas, llegan a la costa y hacen que las oscilaciones térmicas entre la noche y el día, o entre el verano y el invierno, sean poco acusadas. El factor orográfico explica la gran cantidad de lluvias de toda la vertiente atlántica del País Vasco, entre 1.200 y más de 2.000mm de precipitación media anual.

En cuanto a las temperaturas es de destacar una cierta moderación, que se expresa fundamentalmente en la suavidad de los inviernos. De esta forma, a pesar de que los veranos son también suaves, las temperaturas medias anuales registran en la costa los valores más altos de Euskal Herria, unos 14ºC. Aunque los veranos sean frescos, son posibles, sin embargo, episodios cortos de fuerte calor, con subidas de temperatura de hasta 40ºC, especialmente durante el verano.

La zona media:

La zona media o zona de transición de Euskal Herria, que ocupa gran parte de Alava/Araba, se presenta como una zona de transición entre el clima oceánico y el clima mediterráneo, predominando las características atlánticas, ya que no existe un auténtico verano seco.

  1. Clima subatlántico: Comprende los Valles Occidentales de Alava/Araba y la Llanada Alavesa, continúa siendo del tipo atlántico, si bien con precipitaciones menores que en la vertiente atlántica.

  2. Clima Submediterráneo: Más al sur, en una zona que comprende aproximadamente Trebiño, Montaña Alavesa, se va pasando a un tipo mediterráneo, es decir, a un clima templado con verano más cálido y algo más seco, y con lluvias anuales moderadas.

El sur:

En el sur del País Vasco, en la zona de la depresión del Ebro ocupada por la Rioja Alavesa/Arabako Errioxa, se pasa ya a un clima con verano claramente seco y caluroso del tipo mediterráneo. Normalmente, debido a sus inviernos bastante fríos y de escasas precipitaciones, se le ha denominado mediterráneo de interior o continental mediterráneo.
Aquí, el mitigamiento de las influencias marinas hace que las oscilaciones térmicas estacionales comiencen a ser importantes. En verano se superan los 22ºC en las temperaturas medias de algunos meses y en invierno las bajas temperaturas posibilitan las heladas y favorecen las nieblas.

Pluviométricamente, si bien cumplen los requisitos mediterráneos de tener meses estivales con precipitaciones inferiores a los 30mm, no aparece en la distribución estacional de las lluvias la clara y típica diferencia mediterránea entre los meses secos del verano y los más lluviosos del resto del año, sino que las medias pluviométricas mensuales son casi siempre más bien escasas, menos de 50mm, y bastante semejantes entre sí. De aquí que se pueda decir de él que es un clima un tanto continentalizado, aunque quede incluido dentro del tipo mediterráneo.

Elementos climáticos

Para el estudio de la insolación de un lugar debemos calcular el número medio de horas de sol en los diversos meses y en el ciclo completo del año. El número de horas de sol da una idea tan sólo aproximada de la cantidad de energía recibida ya que sólo tiene en cuenta la radiación solar directa y no la difusa, y porque, además, el total de energía recibida en un lugar depende también de su orientación y de su pendiente, así como de los relieves del entorno que le pueden hacer sombra.

Insolación y latitud:

El número medio de horas de sol, estacional y anual, depende de dos factores: el factor astronómico, que se refiere a la posición de la Tierra con respecto al Sol a lo largo del año y que viene definido por la latitud del lugar, y el factor climático, que viene definido por la mayor o menor nubosidad de la zona.

La latitud de un lugar determina las diferencias estacionales en el grado de oblicuidad de los rayos solares directos que inciden en él, así como la duración del día, que en el País Vasco es de unas 15 horas en el solsticio de verano y de unas 9 horas en el solsticio de invierno.

Insolación y nubosidad:

De la comparación mes por mes del número de horas de insolación entre los diversos observatorios, se pueden extraer las siguientes consideraciones:

Es muy importante el gradiente de insolación norte-sur. Durante la primavera y el verano hay un tercio más de horas de sol en la Rioja/Errioxa que en Bilbao. En el otoño y el invierno las diferencias de insolación son más pequeñas entre la costa y el sur del país.

Insolación y relieve:

La sinuosidad del relieve del país hace que, debido a las sombras creadas por el terreno, las diferencias de insolación entre lugares próximos durante las primeras y las últimas horas del día puedan ser también grandes. Este factor tiene cierta importancia en la distribución de la vegetación natural, especialmente en la zona costera. Para algunas actividades agrícolas la buena orientación de las pendientes es por tanto fundamental.

También cada día se le da más importancia a la insolación entre las diversas cualidades que debe reunir un hábitat humano confortable. No parece que siempre haya sido así. Pueblos de construcciones hacinadas en el fondo de valles sombríos abundan en toda la vertiente cantábrica del país sin que se haya planteado un buen aprovechamiento de la insolación.

No es sencillo determinar estadísticamente la cantidad de nubosidad de un observatorio, por eso aunque la nubosidad sea un parámetro climáticamente esencial, suele a menudo

pasarse por alto. Las observaciones suelen realizarse de forma subjetiva, siendo el observador el que, en determinados momentos del día determina si está cubierto, nuboso o despejado. En una observación se considera que el cielo está despejado cuando la nubosidad cubre menos de las 2 octavas partes del cielo; nuboso si está comprendido entre 2 y 6 octavas; y cubierto cuando la nubosidad es superior a 6 octavas.

La frecuencia de días en los que el cielo está despejado al mediodía suele ser bastante superior a la frecuencia de los días considerados meteorológicamente como despejados. Así, en San Sebastián/Donostia, los días despejados del verano considerados en las estadísticas del Instituto Nacional de Meteorología son sólo 10, pero, en realidad, son 20, es decir, el doble, los días en los que a las 13h. el cielo está despejado.

La nubosidad en Bilbao/Bilbo y San Sebastián/Donostia es parecida para ambas capitales surgiendo diferencias en Vitoria/Gasteiz tal y como demuestran las gráficas correspondientes.

Bilbao
 Bilbao
Donostia
 Donostia
Gasteiz
Gasteiz

Los tipos de nieblas que se producen en el territorio de Euskal Herria, y que tienen muy diferentes génesis, son principalmente tres: las nieblas costeras, las nieblas de montaña y las nieblas de valle. De esta manera todo el país se ve afectado por uno u otro tipo de niebla, si bien con una frecuencia relativamente moderada. Conviene aclarar que las observaciones de niebla, al igual que las de nubes, tienen un cierto grado de subjetividad. Desde un punto de vista meteorológico un observador considera que existe niebla cuando la visibilidad es inferior a los 1.000 metros. Se considera día de niebla aquel en el que en alguna de las tres observaciones realizadas diariamente se ha constatado la existencia de este meteoro, es decir, que no es necesario que la niebla persista durante todo el día para considerarlo como tal.

Nieblas costeras:

Para analizar con más profundidad las nieblas costeras, se puede utilizar un estudio existente sobre la frecuencia de nieblas en Igeldo, realizado a partir de las observaciones diarias a las 07h., 13h. y 18h., durante un período de 10 años, y que puede ser relativamente extrapolable al resto de la costa.

Lo más característico del fenómeno de la niebla en el monte Igeldo, y probablemente en toda la costa, son las diferencias estacionales. Existen tres meses particularmente más propensos a ella: Abril, Mayo y Junio. En estos meses es máximo el contraste entre la aún fría temperatura del agua del mar y la del aire suprayacente, más cálido. La situación térmica es propensa a las inversiones de superficie, sobre todo con presiones altas, y a la formación de estratos y nieblas marinas que las brisas adentran en la costa. Al situarse Igeldo en un alto, el relieve facilita el enfriamiento del aire y aumenta la frecuencia de niebla.

Nieblas de montaña:

En todos los relieves altos de Euskal Herria son frecuentes las nieblas de montaña, especialmente en las sierras de la divisoria. Alcanzan su máxima frecuencia en los montes del borde de Gipuzkoa con Navarra/Nafarroa. Se producen normalmente en situaciones del norte que aportan una masa muy húmeda de aire marino Al elevarse a ras de las montañas, el aire se enfría y, por condensación del vapor de agua, se forman las nieblas. En toda la vertiente cantábrica las alturas del intrincado relieve, aunque no sean muy elevadas, son suficientes para que el aire se sature y se produzcan estratos bajos que envuelven los montes en un manto nuboso. El techo de las nubes estratificadas suele estar con relativa frecuencia por debajo de los 300 metros y allí en donde el terreno alcanza esta altura son, por lo tanto, percibidas como nieblas. La frecuencia de su aparición, dependiente de la altura, es mayor en verano, y son más frecuentes al atardecer, cuando el calentamiento diferencial de las solanas y las umbrías produce movimientos ascendentes de aire.

Nieblas de irradiación o de valle:

Otro tipo de nieblas frecuentes en el interior de Euskal Herria son las nieblas de irradiación o de valle. Las nieblas de irradiación se producen cuando al final de las noches frescas y húmedas, favorecidas por situaciones de tiempo estable y cielos estrellados, el aire frío y denso desciende por las laderas hacia el fondo de los valles, en donde se estanca y condensa su humedad. Al amanecer es frecuente la formación de inversiones térmicas, aire frío abajo y más caliente encima, que impiden las turbulencias y el intercambio vertical de calor, con lo que las nieblas del fondo del valle pueden persistir muchas horas diurnas.

Las nieblas de irradiación, en invierno, también pueden afectar a territorios del País Vasco de mayor extensión y no tan cerrados, como la Llanada Alavesa. Para ello se requiere que la situación atmosférica sea estable, anticiclónica, y la masa de aire que recubre el país sea fría y húmeda. En invierno, la corta duración del día y la baja intensidad de la radiación solar impiden que el suelo se caliente y permiten que la niebla no se disipe del todo durante las horas diurnas, y que se refuerce durante las largas noch

La importante pluviosidad y la fuerte intensidad de las precipitaciones en toda la comunidad autónoma vasca se explica fundamentalmente por el factor orográfico. La orientación Oeste-Este de las sierras y el hecho de que las montañas vascas sean más bajas que las montañas de la Cordillera Cantábrica al oeste y las de los Pirineos al este, unida al efecto de succión de aire producido por la región ciclogenética del Mediterraneo occidental, es causa de que con frecuencia el flujo general del oeste se tuerza hacia la cuenca mediterranea, a través de toda la C.A.V.

La mayor o menor pluviosidad de este clima viene definido no sólo por la cuantía de las precipitaciones sino también por su duración. Produciéndose períodos de ausencia de éstas, sequías, y fenómenos extraños como lluvias torrenciales, siendo el tipo de precipitación más común el sirimiri. El tiempo en que está lloviendo tiene en muchos casos mayor relevancia que la cantidad de lluvia caída. Puede consultarse el gráfico de precipitaciones mensuales de las tres capitales vascas.

Precipitaciones

Sequías:

Recientemente, los habitantes del País Vasco se alarmaron con una sequía ocurrida en los años 1989 y 1990, pero que ya venía fraguándose desde dos años antes. Las precipitaciones descendieron en un 35%. En realidad el campo se vio mínimamente afectado, e incluso la producción total agrícola fue excelente. Sin embargo, las capitales vascas sufrieron importantes restricciones de agua. La más perjudicada fue la más poblada, Bilbao, cuyos habitantes padecieron durante un año cortes de agua. Los pantanos del Zadorra, que desde la vecina Alava/Araba abastecen en gran medida a la capital vizcaína, bajaron su nivel alarmantemente, ya que en la zona las precipitaciones también fueron escasas. Además las temperaturas fueron muy elevadas, sobre todo en 1989, y la evaporación, con ayuda de los vientos del sur, contribuyó a casi desecar los pantanos.

Lluvias torrenciales:

Más frecuentes y con mayor importancia económica que las sequías son los fenómenos de lluvias torrenciales que en toda la vertiente cantábrica de Euskal Herria provocan costosas y graves inundaciones. En Bilbao, desde sus principios, los llamados "aguaduchos" del Nervión/Nerbioi han venido a lo largo de los siglos causando periódicamente enormes destrozos a la villa. También en Gipuzkoa, tras períodos de lluvias torrenciales, las inundaciones han ocasionado pérdidas en viviendas, en campos y en caminos.

La inundación más importante de los últimos tiempos ocurrió en los últimos días de Agosto de 1983, especialmente los días 26 y 27, y afectó particularmente a Bizkaia, y en menor medida a Gipuzkoa. La zona de mayores lluvias se localizó en la ría bilbaína. Tres fueron los factores que se conjugaron para ocasionar estas lluvias torrenciales: llegada en altura de la primera colada postestival de aire frío polar; elevadas temperaturas superficiales de las aguas de la costa vasca, que produjeron una masa superficial cálida y húmeda muy inestable; y ligeros vientos del norte que al enfrentarse a los relieves desencadenaron las ascendencias y dispararon la inestabilidad.

Otro episodio de lluvias torrenciales con efectos graves ocurrió a los pocos años, también en verano, y afectó a un tercio del territorio de Gipuzkoa. El 19 de Julio de 1988 una gota fría en altura, en contraste con la humedad y el calor de la capa de aire superficial, desencadenó las trombas que afectaron especialmente a las cuencas del Deba y del Urola.

Nieve:

La tabla de innivación del País Vasco señala que al nivel del mar y en la costa, el meteoro de la nieve es un fenómeno raro. En las montañas durante la temporada de nieves puede haber días con precipitación de nieve durante el mes de Octubre, si bien no son abundantes. Las últimas fechas con nevadas pueden darse incluso en el mes de Mayo, en los casos en los que alguna profunda borrasca que avanza con trayectoria meridiana llega desde latitudes polares.

Las nevadas más importantes se suelen producir con flujos del norte húmedos y fríos que van rolando al nordeste, haciéndose más fríos, pero, al final, demasiado secos para producir precipitación.. En el mapa de isobaras suele aparecer un anticiclón de forma alargada cerca de la costa europea y una depresión que llega al Mediterráneo occidental desde Escandinavia después de haber recorrido de norte a sur el continente. Un flujo rápido del norte frío y húmedo que acompaña a la depresión aporta las primeras nevadas. Puede ocurrir que en un segundo empuje la depresión del Mediterráneo haga que nos lleguen masas de aire más húmedas que con la capa fría existente en superficie refuerzen las nevadas. Al final, el anticiclón alargado del Atlántico se "tumba" sobre Europa del Norte y corta el flujo húmedo.

Otras situaciones de nieve se producen con gotas frías. Si es invierno, y las capas superficiales están suficientemente frías, las precipitaciones logran llegar al suelo en forma de nieve.

Granizo:

El granizo es un fenómeno más frecuente en los observatorios de la costa que en los del interior. En la costa se suelen superar los 5 días de granizo al año, pero en el interior apenas se supera una media anual de 3 días. Ahora bien, así como en la costa el granizo es más frecuente en invierno, en el interior es más frecuente en verano. Esto es así debido a que las ascendencias bruscas que producen el granizo se disparan en la costa debido al relieve y a la inestabilidad que adquieren las masas de aire polares, cuando sus capas más superficiales, en contacto con el agua, se calientan al atravesar el Cantábrico. Por el contrario, en el sur, las ascendencias que producen el granizo suelen ser debidas más a la inestabilidad térmica producida en verano por el agudo calentamiento del suelo y de la capa de aire en contacto con él.

El granizo estival ha sido siempre muy temido por los agricultores, en especial por los cultivadores de viñedos y de árboles frutales. El pedrisco puede dañar los granos de uva cuando ya está próxima su recolección y echar a perder el trabajo del año completo. Se ha sólido intentar combatir el pedrisco lanzando y sembrando las nubes incipientes mediante cohetes y avionetas con ioduros susceptibles de condensar la humedad y hacerla precipitar antes de que la atmósfera se cargue en demasía y se produzca una saturación brusca que provoque el pedrisco.

Las oscilaciones de las temperaturas medias mensuales son bastante importantes y significativas. En la costa, las diferencias entre los meses más cálidos y los más fríos son de tan sólo unos 11ºC o 12ºC aproximadamente, mientras que en el interior aumentan sensiblemente, hasta llegar a ser de unos 17ºC o 18ºC.
En los observatorios de la costa las temperaturas medias más altas se suelen dar en el mes de Agosto, ligeramente por encima de las de Julio, mientras que avanzamos hacia el sur, suele ser el mes de Julio el que supera a Agosto. El mes de Septiembre conserva bastante el nivel de calor veraniego pero hay un bajón térmico bastante brusco al pasar a Octubre, que se hace aún más agudo al pasar de Octubre a Noviembre. Por el contrario el ascenso de la transición primaveral, desde Marzo hasta Junio, es bastante más regular y más moderadas las alzas térmicas que se registran al pasar de un mes a otro.

Las temperaturas medias mensuales (Bilbao, Gasteiz y Donostia , todos ellos valores medios, tanto máximas como mínimas, del período 1931-1960) más bajas se registran en Diciembre en todos los observatorios. En la costa suelen superar los 8ºC, mientras que en el interior oscilan entre los 4ºC y 6ºC. Aunque no muy frecuentes, también se producen heladas fundamentalmente en otoño e invierno.

Temperaturas máximas y mínimas:

Las temperaturas máximas diarias suelen alcanzarse generalmente en las horas centrales del día, y las temperaturas mínimas durante las horas finales de la noche. Así que las temperaturas máximas dan obviamente una mejor idea de las temperaturas diurnas que las medias, y de igual modo lo hacen las temperaturas mínimas con respecto a la noche. Mes por mes, las temperaturas máximas medias muestran en Euskal Herria apreciables diferencias. Las temperaturas mínimas medias se alcanzan en todo el territorio en Enero. Es de destacar que en la costa son relativamente altas, entre los 4º C y 5º C.

La máxima diferencia absoluta en un mismo observatorio se registra asimismo en Vitoria/Gasteiz, en donde la oscilación entre la mínima absoluta y la máxima absoluta es de casi 60º C.

No hay mucha diferencia entre las máximas absolutas: tanto en la costa como en el interior se rondan los 40º C. Ello es debido a que los observatorios costeros pueden alcanzar temperaturas muy elevadas cuando sopla viento sur y es verano. Entonces, masas de aire tropical africano pueden llegar hasta la costa vasca, en donde el calor se agudiza provocado por los vientos de componente sur. Respecto a las mínimas absolutas, las diferencias sí son muy importantes, del orden de 8º C a l0º C, entre la costa y la Llanada alavesa.

Heladas:

El número de días de heladas, es decir, aquellos en los que las temperaturas descienden en algún momento por debajo de los 0ºC, es un parámetro climatológico de gran interés, ya que esa temperatura de congelación del agua es un umbral crítico en la vida de muchos vegetales.

El número medio de días con heladas muestra diferencias territoriales considerables. En la costa no se alcanzan los 20 días, pero las cifras aumentan rápidamente hacia el interior de Bizkaia y de Gipuzkoa. Al otro lado de la divisoria, en la Llanada Alavesa se superan con facilidad los 40 días.

Las fechas de las primeras y de las últimas heladas, las cuales tienen también una repercusión agrícola importante, varían también bastante a lo ancho del territorio vasco. En cuanto a las fechas extremas de heladas, éstas pueden prolongarse hasta bien entrado Mayo en la Llanada Alavesa y en Vitoria/Gasteiz se han conocido heladas incluso en los primeros días de Junio.

El clima de una región geográfica es en su mayor parte consecuencia de los vientos generales que la afectan.

La zona en la cual nos encontramos, es recorrida por vientos generales del oeste. Pero a diferencia de los alisios, que soplan de forma bastante regular, los vientos del oeste describen amplios meandros, de tal forma que corrientes de aire del sur o del norte, e incluso contracorrientes del este, pueden afectar temporalmente a regiones de las latitudes medias.

En invierno, cuando la corriente en chorro, el "jet stream", circula por latitudes bastante bajas, entre los 30 y 40 grados, nos vemos muy afectados por la circulación del oeste y por las borrascas y sus frentes nubosos. En otoño y primavera, cuando este flujo de aire pierde fuerza y se hace más ondulado, el tiempo se hace por lo general más cambiante, con semanas en las que dominan las corrientes cálidas del sur, seguidas por otras en las que soplan húmedos y frescos vientos del norte.

En verano, el flujo general de vientos del oeste se aleja hacia el norte y se debilita. Entonces, todo el sur de Europa es afectado con frecuencia por la calma y el buen tiempo producido por el anticiclón de las Azores, que se extiende hacia el noroeste. Muchos días, al situarse Euskal Herria en el lado oriental del anticiclón los vientos veraniegos predominantes son del norte y se refuerzan las brisas diurnas.

Vientos superficiales:

En superficie, los relieves locales y el rozamiento con el terreno tienden generalmente, salvo en casos particulares de encauzamiento, a que la velocidad del viento disminuya y a que su dirección varíe.

Los vientos moderados escasean y, sin embargo, son relativamente frecuentes los vientos muy fuertes y atemporalados, que son los que suben el nivel de la velocidad media. Así, estos vientos, superiores a los 50km/h se alcanzan con una frecuencia de casi el 4%, superior al de casi todas las estaciones europeas de clima oceánico. Los vientos en invierno, tanto del sector norte como del sector sur, son mucho más fuertes que los del verano.

Dividiendo la rosa de vientos en ocho sectores, es el viento del norte el más frecuente, 21.4%, seguido del viento del noroeste, 17.6%. Sin embargo el viento del noroeste es bastante superior en fuerza al del norte, 20.4km/h frente a 11.4km/h. El viento del noroeste es un viento sinóptico, movido por el flujo general, mientras que el viento del norte es frecuentemente debido a las brisas locales. Las brisas diurnas tienden a que los vientos nocturnos y muy frecuentes del oeste rolen al noroeste, y a que éstos rolen al norte.

El viento sur es el viento más veloz: 22.1km/h de velocidad media. y puede ocasionar destrozos importantes en tejados, invernaderos, plantas y árboles, cuando, con relativa frecuencia, sopla atemporalado.

En el resto de los observatorios considerados la velocidad media anual del viento es bastante menor. Oscila entre los 10km/h y los 13km/h. Las direcciones más frecuentes difieren en cada localidad, dependiendo de la topografía de la zona. En la costa son los meses de la mitad invernal los que tienen vientos más fuertes.

El viento del sur:

El viento sur, con sus acusados efectos de calentamiento, desecación y aumento de la transparencia de la atmósfera, es un elemento climático muy típico de la vertiente norte del País Vasco. Se desencadena cuando en los mapas de presión existe una baja al oeste y una alta el este. El trazo de las isobaras es meridiano o casi meridiano, perpendicular a las alineaciones montañosas. En los niveles bajos el aire del sur tiende a colarse con más fuerza sobre Euskal Herria que forma orográficamente un paso entre los altos relieves de la Cordillera Cantábrica y los Pirineos. En su descenso por la vertiente norte hacia la planicie del Golfo de Bizkaia, el aire se calienta por compresión y se deseca. El viento sur se puede manifestar en cualquier mes, pero es cierto que es el bimestre octubre-noviembre el que suele poder presentar períodos más largos de vientos fuertes del sur.

El aire cálido que trae el viento sur es menos denso que el aire previo a la situación, por lo que bolsas de aire más fresco quedan atrapadas durante un tiempo en los valles y oquedades del terreno, hasta que por frotamiento con el aire superior móvil, y por turbulencia diurna, son desplazadas y arrastradas también por el viento.

En situaciones de viento sur, es característica la aparición en el cielo vasco de altos cúmulos de fisonomía lenticular que permanecen estacionarias, aunque en realidad están atravesadas por veloces corrientes de aire. En otros casos, en situaciones muy persistentes de viento sur o sudoeste moderado, el cielo permanece despejado con un azul puro y profundo. La subsidencia del aire y el barrido hacia el mar impiden la difusión vertical de polvos y humos, lo que, junto con la baja humedad relativa, limpia la atmósfera y realza los colores.

La galerna:

Las galernas son vientos típicos que afectan especialmente a la costa sudeste del Cantábrico y que a veces se confunden, sin serlo, con los típicos temporales del noroeste que afectan a toda la costa cantábrica. Las galernas son esencialmente entradas súbitas de aire marino con ráfagas de fuerza 8 y 9, entre 60 y 85km/h. Aparecen repentina y brutalmente. El mar se agita en breves instantes y en los puertos algunos barcos rompen amarras. La visibilidad desciende rápidamente por debajo de los 1.000 metros y se adentran en tierra estratos bajos.

Normalmente los signos anunciadores de una posible galerna son las temperaturas anormalmente altas de la mañana, entre 23ºC y 30ºC, y que no son debidas a vientos fuertes del sur, sino que, por el contrario, el viento es flojo o bien existe una calma chicha. No existen apenas en la región gradientes isobáricos de presión, la cual se mantiene en un valor medio, ni alto ni bajo. El cielo suele estar despejado o muy poco nuboso. Probablemente en el desencadenamiento de una galerna intervenga el contacto, con fuerte contraste térmico, entre una masa de aire superficial muy cálida que se ha formado en la depresión del Ebro y que ha avanzado lentamente por los niveles bajos hasta la costa, y una masa de aire fresco marino. Entonces, en algún momento avanzado del día, el aire marino superficial, más denso, rompe la frontera inestable que separa las dos masas, y se cuela y se adentra por debajo de la masa de aire continental. A veces coincide con la llegada de un frente frío del oeste, pero no es necesario.

Puede haber galernas desde Marzo hasta Octubre, pero las más frecuentes se producen en los meses del verano, aproximadamente dos al mes por término medio. La hora suele ser más bien a la tarde, aunque también pueden ocurrir galernas nocturnas.

El clima según las estaciones

Así como los comienzos del invierno son inciertos, el paso del invierno a la primavera tampoco se presenta en unas fechas determinadas con precisión. El invierno en la vertiente atlántica es largo y a veces parece prolongarse unas cuantas semanas más allá del equinoccio astronómico de primavera, que se produce hacia el 21 de Marzo. Todavía en las dos primeras semanas de Abril, es frecuente que hagan su última incursión en Euskadi masas polares portadoras de nieve, y causantes de heladas incluso en la costa. En la zona del interior la existencia de heladas en Abril es casi segura todos los años. En realidad, a lo largo de toda la primavera hay episodios de tiempo realmente fresco.

Además, la primavera es muy lluviosa, especialmente en lo que se refiere a la duración más que a la intensidad de las precipitaciones, en todo el territorio de Euskal Herria. Abril es el mes con mayor número de días de lluvia. En los años de primaveras muy húmedas y prolongadas da la sensación de que el verano sucede al invierno sin transición alguna. En el interior es distinto. La primavera está siempre más presente ya que, con el aumento de las horas de insolación, se nota más de mes a mes la subida térmica y la desaparición de las heladas.

La primavera se presenta bastante lluviosa pero mucho menos oscura que el invierno. El número de horas de sol aumenta sensiblemente. En todas partes en Mayo se duplican las horas de sol que había en Enero. La primavera vasca, pues, existe, y como testimonio está la espléndida vegetación que, con todos los colores del verde, agradece el que al aumento del sol sigan acompañándole unas lluvias abundantes.

Tras algunos titubeos frescos de final de primavera el verano se instala en las fechas del solsticio de Junio. El anticiclón de las Azores se expande hacia el norte, la circulación general de vientos del oeste casi desaparece, y en esta situación las particularidades geográficas locales determinan de nuevo las diferencias térmicas entre las diferentes comarcas climáticas. Se agudiza térmicamente la diferencia entre una estrecha franja o línea de costa, afectada por las brisas marinas, y los valles y el interior poco afectados por ellas.

Tras rebasar las montañas de la divisoria, lo más notable de reseñar del verano es el gradiente térmico existente entre la parte occidental alavesa y la parte oriental. A medida que avanzamos hacia el este la influencia dulcificante del Cantábrico va desapareciendo por completo y las temperaturas estivales aumentan considerablemente. Este gradiente térmico va unido a un claro aumento de la insolación.

En lo referente a la humedad, las diferencias norte-sur son muy importantes. La vertiente cantábrica tiene unos índices de humedad relativa muy altos, mientras que, por el contrario, en la Euskal Herria media y meridional los índices estivales bajan mucho con respecto a los de las otras estaciones del año.

Tampoco el otoño se inicia en unas fechas claras y coincidentes con el equinoccio, pues si bien en las estadísticas meteorológicas se suele considerar a Septiembre como primer mes del otoño, sus parámetros climáticos son más veraniegos que los del propio Junio. Así, en casi todos los observatorios, y especialmente en los de la vertiente norte, Septiembre presenta unas temperaturas medias superiores a las de Junio y en los observatorios de la costa es precisamente Septiembre el mes que presenta el menor número de días cubiertos. Por lo tanto, y sobre todo en la costa, es mejor considerarlo más propio del verano que del otoño. De esta manera la estación otoñal se acorta y ocupa sólo dos meses: Octubre y Noviembre, frente a los cuatro del verano.

El otoño europeo se caracteriza por tener una circulación general de vientos del oeste que es lenta y dibuja amplios meandros. Su comienzo se hace notar cuando, generalmente en Octubre, llegan en superficie las primeras coladas frías más o menos duraderas de masas de aire polar marino, favorecidas por la presencia de un persistente anticiclón en el Atlántico. Si estas situaciones del norte se prolongan pueden provocar una gran abundancia de lluvias, ya que, al permanecer aún muy cálida la superficie del mar, la evaporación y las precipitaciones son muy intensas.

Térmicamente, aunque las temperaturas medias bajen con brusquedad en estos dos meses, el otoño de la vertiente cantábrica se parece con más frecuencia al verano que al invierno. Octubre es en todos sus observatorios más cálido que Mayo.Al otro lado de la divisoria cántabro-mediterránea, la templanza del otoño no es ni mucho menos tan clara, y Noviembre se presenta ya como un mes bastante frío.

En el País Vasco el invierno suele comenzar bastante antes del solsticio y se adelanta a Noviembre, e incluso, casi siempre, existen ramalazos invernales ya en el mes de Octubre.

El invierno de nuestra región climática se caracteriza en los mapas isobáricos por la retirada hacia el sur del anticiclón de las Azores, con lo que queda libre la vía de entrada en Europa de los vientos atlánticos, acompañados de las borrascas y frentes nubosos que traen con ellos. Producen en la costa de Europa el típico tiempo del invierno, con semanas en las que se alternan con rapidez días frescos y lluviosos con cortos episodios de cielos despejados en los que el sol apenas tiene tiempo de calentar la tierra y el aire.

En lo que se refiere a las temperaturas mínimas, la costa vasca se caracteriza por la moderación térmica invernal, con medias de las mínimas rondando los 5ºC. Sin embargo, en cuanto pasamos las sierras de la divisoria, en Alava/Araba, las temperaturas mínimas nocturnas rondan en los días de invierno la temperatura de congelación.